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  • Al situar la cuesti n de la intersexualidad como

    2018-10-22

    Al situar la cuestión de la intersexualidad como una variación en relación con el padrón dicotómico que clasifica los cuerpos como masculinos o femeninos, el activismo intersex apunta Cisplatin Supplier la insuficiencia de las categorías de sexo (como binario) y de género (como prolongación o efecto de las categorías de sexo) para dar cuenta de las relaciones de esos sujetos con las normas sociales, las cuales excluyen sus cuerpos de los límites de aquello que puede ser vivido. Básicamente, lo que se percibe es que hay un nudo justo en medio de la discusión naturaleza/cultura y sexo/género que no es posible desatar mediante premisas esencialistas o constructivistas. Y es de hecho ese nudo el que sitúa las cuestiones relativas a la intersexualidad en el centro de una serie de debates feministas acerca del uso del concepto de género y que ofrece, entre otras posibilidades, un vasto campo para los estudios que se proponen cuestionar la construcción del conocimiento científico y deconstruir la idea de una naturaleza ajena a lo social.
    Intersexo y problemáticas feministas: la biología a debate A finales de la década de los 60 y principios de la de los 70, los estudios feministas introdujeron la división entre sexo y género al terreno de los estudios de la sexualidad. Aunque bastante eficaz como forma de denunciar que las diferencias y jerarquías sociales entre mujeres y hombres no están basadas en una naturaleza masculina o femenina, esta división deja fuera el tema del sexo biológico, y con ello reifica no sólo la existencia de un sexo natural, sino también la división entre dos dominios de saberes: ciencias sociales (que se ocuparían de las cuestiones relativas al género) y ciencias médicas (que lo harían del cuerpo natural y del sexo) (Oudshoorn 2000). De acuerdo con Joan Scott (1955), ciertas teóricas del feminismo acabaron por dejar sin examen la propia oposición binaria contenida en la formulación sexo-género, y tampoco deconstruyeron la certeza de que, al fin (¿o al comienzo?) de cuentas, habría una biología del sexo sin la marca del género. Para Linda Nicholson (2000), fue la idea de una especie de autonomía de lo primero en relación con lo segundo lo que llevó a antibody-mediated immunity algunas feministas a apoyar la existencia incontestable de la oposición entre ambas categorías. La misma autora señala que, en una formulación así, el concepto de género acaba reforzando una matriz heterosexista de pensamiento al admitir el dualismo entre los sexos como una verdad biológica, dislocándolo del lugar de una también (y muy sedimentada) construcción cultural acerca de los cuerpos. Desde finales de la década de los 70 y principios de la de los 80, el cuerpo, antes relegado a un segundo plano, pasa a convertirse en terreno de problematizaciones y luchas feministas. La biología y las ciencias de la vida despuntan como campos que despiertan un gran interés en incontables investigadoras (Oudshoorn 2000; de la Bellacasa 2005). Básicamente, lo que se instaura, a partir de entonces, es el interés por deconstruir la idea de una verdad natural acerca de los cuerpos, a través de la denuncia de que los mismos hechos científicos son construcciones culturales y que, en lugar de que constituyan un espejo de la naturaleza, producen lo que habrá de entenderse e incorporarse como natural. Según Nelly Oudshoorn (2000), son tres las estrategias principales que emplean las feministas en esa tarea. La primera de ellas consiste en demostrar la variación histórica del discurso médico en lo que concierne a los cuerpos y al sexo. La segunda consiste en elucidar cómo las técnicas transforman literalmente los cuerpos. Y la tercera, a la cual se afilian la autora y mi propia investigación, trata de mostrar cómo la realidad natural es construida por la ciencia; o sea, cómo operan los saltos lógicos entre un modelo de cuerpo (o de sexo) y la legitimación de ese modelo como realidad corporal o sexual.