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  • br Introducci n En las ltimas d cadas se

    2018-11-03


    Introducción En las últimas décadas se ha producido un impactante crecimiento de la neurociencia, en especial respecto del conocimiento del sistema nervioso en general y del funcionamiento del cerebro en condiciones de salud y enfermedad. En sus inicios, las neurociencias se enfocaron en explicar sucesos mentales simples, pero gradualmente fueron adquiriendo la capacidad de investigar procesos cada vez mas complejos, llegando incluso en los años 90 neuroscience peptides una interesante combinación de neurociencia y psicología cognitiva que se ocupaba, entre otras cosas, del analisis de las bases neurológicas de las creencias, las emociones, los juicios y las decisiones morales. Teniendo en cuenta el tipo de investigación en cuestión, el objeto sobre el que se investiga y la glamorización por parte del público de todo lo que sea científico, y sumando a esto, los avances de la neurotecnológía que nos ayudarían a mirar el interior del ser humano (Finns 2011), no es extraño que haya una legítima preocupación acerca de las posibles cuestiones éticas planteadas por tales investigaciones. Estas surgen no solo respecto de cómo llevar a cabo los estudios correspondientes con un fundamento ético, sino también sobre qué tipo de cuestiones analizar y cuáles podrían ser las consecuencias sociales de los resultados obtenidos. A la larga, esta preocupación tuvo como resultado el desarrollo de una nueva disciplina conocida como neuroética. En sus comienzos, se definió a la neuroética como una “reflexión sobre lo correcto e incorrecto, lo bueno y lo malo acerca del tratamiento, perfeccionamiento, invasión indeseada o manipulación preocupante del cerebro humano” (Safire 2002). En términos generales, podemos decir que se ocupa de las cuestiones legales, éticas, sociales y filosóficas generadas por el avance de las neurociencias. En los últimos años, un grupo de pensadores ha venido reclamando que se preste atención de manera específica a los problemas resultantes de un tipo de investigación en particular, la llamada “neurociencia de las diferencias sexuales” (). Al respecto, algunos proponen el desarrollo de una neuroética feminista que incluya la perspectiva de género, o por lo menos un tipo de neuroética que esté dispuesta a plantear preguntas frecuentemente olvidadas por enfoques más tradicionales (DesAutels 2010; Roy 2011).
    Primera parte
    Segunda parte
    Tercera parte
    ¿Qué es el ecofeminismo? Dos características marcan el inicio del giro ecológico del feminismo con Françoise D\'Eaubonne, su perspectiva cultural y constructivista, y la superación de la concentración en la queja de la mujer y su consecuente defensa a chloroplasts ultranza (D\'Eaubonne 1974: 9–10). Para esta filósofa visionaria, alumna de Simone de Beauvoir, no es válido identificar a la mujer con la naturaleza y exaltarla por su maternidad. Por el contrario, ella le asigna una tarea propia frente a la crisis ecológica que solo podrá realizarse en tanto busque su autonomía y la autodirección de su destino, y en tanto no siga quejándose exclusivamente de su pasado de esclava y tenga ojos para la situación del mundo y la injusticia generalizada que impera en él. Afirma D\'Eaubonne que incluso es necesario que trascienda el ámbito humano y asuma el daño que le estamos haciendo al ambiente (D\'Eaubonne 1974: 10), y extienda, por tanto, la justicia y la igualdad hacia todos los seres vivos, hacia los ecosistemas. Es decir, que el ecofeminismo se estructura a partir de una postura ética radical: la autoconstrucción de la mujer a partir de la ampliación de la justicia en un mundo igualitario y unido con la naturaleza. Se perfila así, definitivamente, un ethos feminista ecoético. Además, D\'Eaubonne señaló una tarea práctica específica a la mujer: evitar la sobrepoblación. Ella advierte con agudeza que el principal factor de daño al ambiente es justo la reproducción explosiva de los seres humanos fomentada por el sistema patriarcal exaltador de la paternidad e interesado en que los varones tengan muchos hijos. Corresponde a la mujer negarse a sobrepoblar el planeta, pues neuroscience peptides históricamente ella no ha tenido interés en tener más hijos de los que puede alimentar y educar en buenas condiciones (D\'Eaubonne 1974: 93 y ss., 241–242). Ha sido el patriarcado el que le ha impuesto el imperativo de tener muchos hijos, al considerarla desigual y al apropiarse de su cuerpo y su fertilidad. De suerte que no es para nada la maternidad lo distintivo de la mujer sino su decisión libre frente a esta, la cual hoy en día debe tomarse con profunda conciencia de los otros seres vivos y del ambiente en general.